Cada día estoy más convencido, de que estamos viviendo en un mundo diferente al que nuestra generación se formó, sustentado en la digitalización y la inteligencia artificial. Ya no es la familia que cría a los hijos, sino un algoritmo que responde a una data y las redes sociales.
Esto lo podemos comprobar muy fácil, con verificar el tiempo que le dedican los jóvenes al internet, de seguro mucho más del que tienen disponible para sus padres y su familia. Desde que cumplen un año empiezan a ser moldeados por el internet y las redes.
En otros tiempos la visión sobre el éxito era muy diferente, se basaba en tener una familia, una profesión, un negocio, ser honesto y progresar en sentido general. Ahora el éxito es lograr atraer la mayor atención posible, ser importante para los demás, sin importar lo que hagas, aún sean travesuras a través de las redes.
El ego ha aumentado, cada quien se cree el centro del mundo, buscando la manera de ser un foco de atención, para recibir like que luego se conviertan en dinero. Se ha creado una mentalidad materialista, individualista y ególatra, donde cada quien sólo piensa en sí mismo.
Los jóvenes de ahora y los que van creciendo, no son formados por la familia y el sistema educativo, ya que el internet y las redes sustituyeron esa función. Lo que los lleva a verse por encima de las generaciones mayores y a creerse más inteligentes.
En realidad, una persona con todas las carreras, lecturas y maestrías, es fácilmente superado por un joven con habilidades para manejar el mundo digital. Con un simple clik, tienen todas las informaciones para superar a quien tiene años pasando páginas para la izquierda.
Hay aplicaciones que en un minuto te proporcionan incalculables informaciones, para permitirte en tiempo récord, hacer lo que en otros tiempos te tomaba días o semanas. El mundo ha cambiado, es más rápido y materialista, porque te permite en segundos lograr los conocimientos, que antes para lograrlo, tenías que durar horas escuchando una conferencia.
Vivimos en un mundo digital, donde cada uno somos una data, lo cual comprobamos cuando leemos algo en internet y luego que entramos de nuevo nos llueven los temas sobre lo mismo. Sin darnos cuenta estamos siendo manipulados por un algoritmo invisible, que condiciona nuestro cerebro para inducirlos a comprar cosas sin necesitarlas.
Los análogos y de generaciones que sobrepasamos los 50 años, aunque creemos hacerlo, no entendemos el nuevo mundo, el mundo digital, porque es más rápido del que nos formamos. Tratamos de ir más o menos, para no pasar vergüenza, pero a veces un niño de 5 años nos da una cátedra de tecnología digital.
La libertad ya ha empezado a ceder el espacio a la manipulación, por lo que ya todo es relativo, al no saber en realidad por qué razón vamos a algún sitio o adquirimos algo. El cerebro programado por el mundo digital y la inteligencia artificial como autómatas nos lleva a hacer cosas sin tener plena conciencia.
A veces pienso si eso es esta generación que ya nos fue arrebatada por las redes y el internet, que será de sus hijos y nietos. Por suerte nuestra imaginación no está al nivel de llegar a lo que será el mundo con esas nuevas tecnologías.
Las estadísticas nos dicen que ya casi el 50% de las personas en los países desarrollados, como Estados Unidos y Occidente, lo que compran es inducido por el algoritmo digital.
Por suerte que pude vivir en el otro mundo y todavía prefiero leer los libros en físico y vivir con el recuerdo de que pude crecer disfrutando de la naturaleza y los juegos manuales. Claro, ya son otros tiempos y sólo nos queda hacer el esfuerzo por entender y adaptarnos a este nuevo mundo en el que vivimos.
No podremos ir al mismo ritmo que los jóvenes, pero si podemos entenderlos y hacer conciencia, que su cerebro está programado de otra manera, por lo que su vida será diferente. Piensan y actúan más rápido que nosotros, pero tenemos algo que sólo se adquiere con la edad y la experiencia. La sabiduría para orientarlos cuando por la rapidez escogen opciones no favorables.
No tendremos su agilidad mental y rapidez, pero debemos tener la capacidad para comprenderlos y orientarlos, siempre y cuando nos lo permitan.





