Donald Trump, presidente de Estados Unidos, cumplió lo prometido. No dejó, como habían pronosticado sus más ácidos adversarios políticos, que su palabra -respecto a Venezuela y su mandatario- se fuera al piso.
Desde que fue juramentado para un segundo mandato (el 20 de enero del 2025), Trump declaró que iba a devolver la auténtica democracia a la República Bolivariana de Venezuela, país suramericano gobernado por el chavismo por más de tres lustros.
Y para concretar ese anhelado propósito, Estados Unidos, de acuerdo con la proclama de Trump, tenía la gran misión de sacar del poder a Nicolás Maduro, sucesor del fenecido Hugo Chávez, presidente venezolano que había llegado al Palacio de Miraflores tras las elecciones presidenciales celebradas en el verano de 1998.
Chávez, antes de morir, dejó como su suplente a Nicolás Maduro quien durante su mandato de unos 11 años transitó por un “rosario” de serios problemas (politos económicos y sociales) y con un acentuado rechazo de la población venezolana.
Pero el peor momento del régimen de Maduro ocurrió después de las cuestionadas elecciones de julio del 2024. El Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNEV) lo declaró “ganador” lo que ocasionó que Maduro diera inicio a un nuevo mandato y, obviamente, continuar con su dura administración con el respaldo del Partido Socialista Unido.
A partir de ese terrible momento político, que impidió que el dirigente opositor Edmundo González Urrutia -popular candidato- llegara a la Presidencia para un período constitucional.
Cabe precisar, además, que politólogos y voceros de sectores independientes, así como un amplio segmento de la prensa, aseguraron que González Urrutia había sido el “claro” ganador de la consulta electoral del 2024”.
Detalle que no debe estar ausente de este trabajo: María Corina Machado, líder de la oposición venezolana, siempre afirmó que la democracia de su país iba a regresar “para que de esa manera llegara al pueblo el bienestar y el progreso de nuestra nación”.
Anoto que a las dos horas, aproximadamente, de conocerse la sorpresiva noticia de que Nicolás Maduro había sido sacado de la presidencia de Venezuela, llegué al frente de mi computador para escribir el presente artículo. Hasta el pasado domingo no se tenían noticias oficiales concernientes al futuro (inmediato) de Venezuela ya sin el liderazgo de Maduro al frente del Estado.
Lo que sí se supo es que el presidente estadounidense, en una conferencia de prensa, dijo -entre otros trascendentes informes- que “Estados Unidos gobernará Venezuela hasta que haya una transición segura y apropiada”.
Sin embargo, ¿cuál es ahora la realidad de Venezuela? La respuesta a la pregunta no sería tan fácil, pero se “respira” buen optimismo.





