La asunción de la presidencia de Venezuela por la vicepresidenta Delcy Rodríguez en condiciones de dudosa constitucionalidad tras la ilegal captura y extracción de Nicolás Maduro ha llevado a que algunos analistas consideren que la actual presidenta es una especie de Joaquín Balaguer que, tras el ajusticiamiento del tirano Trujillo en 1961, y siendo presidente de la República Dominicana, tras 30 años de ser estrecho colaborador del dictador, como lo fue Rodríguez de Maduro, habría preparado la transición a la democracia con el apoyo de los Estados Unidos, que consideraba a Balaguer, al igual que a Rodríguez, garantía de estabilidad política.
¿Es cierto esto? Veamos… Tras la eliminación de Trujillo, comienza una liberalización impulsada por la movilización popular de la oposición, que conduce a la salida de Balaguer del poder y del país y a la formación de un Consejo de Estado que celebraría elecciones libres en 1962, siendo electo el opositor Juan Bosch, quien tras siete meses de gobierno democrático, sufre un golpe de Estado que entroniza en 1963 un gobierno de sectores antitrujillistas, pero conservadores (los cívicos), contra el cual se sublevan en 1965 fuerzas militares y civiles que piden el retorno de Bosch, lo que motiva una intervención militar estadounidense, justificada en la supuesta amenaza comunista, desatándose una guerra civil que concluye, con la paz, un gobierno provisional y la celebración de elecciones en 1966 en condiciones que impiden la participación efectiva del principal líder opositor (Bosch) y desembocan en la elección de Balaguer, quien logra unir a trujillistas y cívicos.
Balaguer no es quien lleva a cabo la transición pues esta, en realidad, sería “la más larga transición democrática en la historia” (José Israel Cuello), si es que así puede llamarse a la “dictablanda” del régimen de los 12 sangrientos y corruptos -pero prósperos- años de Balaguer (1966-1978), con libertades públicas muy limitadas y elecciones donde el principal partido opositor (PRD) tuvo que abstenerse (1970 y 1974).
La verdadera transición democrática dominicana, por tanto, es la de 1978 y la encabezó Antonio Guzmán como presidente y José Francisco Peña Gómez como principal líder opositor, con el apoyo popular y de la comunidad internacional, que obligó a Balaguer a aceptar su derrota electoral.
En Venezuela hay un régimen, encabezado por Rodríguez, que, aunque controla todo el intacto aparato [represivo] del poder, está subordinado al poder estadounidense, al que ha cedido el control de los recursos económicos venezolanos, a cambio de lo cual le basta con atenuar la jerga anti-imperialista, pudiendo “repetir consignas, mantener el gabinete, invocar a Hugo Chávez, incluso encabezar la campaña Free Maduro” (Andrés Izarra), sin necesidad de desmontar ni criticar al ancien regime -como lo hizo Balaguer en 1961 ante la ONU-, prolongando su “dictadura interina” y sin tener que abocarse a celebrar elecciones libres, gracias a la represión, la desmovilización popular -debida al cansancio, la oposición desunida y el masivo exilio-, al descarte por el presidente Trump de la principal líder opositora -María Corina Machado-, y a su evidente desinterés en -sino oposición a- una transición democrática.
¿Podrá Rodríguez lograr, no tanto la transición democrática, sino la continuación del viejo régimen, que Balaguer quiso pero no pudo concretar en 1961 y solo lograría parcialmente a partir de 1966? Esperemos en Dios que no.





