" No son las cosas en sí mismas las que nos perturban, sino las opiniones que tenemos sobre esas cosas".
EPICTETO.
UN RELATO BUDISTA SOBRE UN REY Y UN MENDIGO.
Un rey muy poderoso de la antigüedad, sentía gran curiosidad por los rumores que le llegaban sobre un mendigo que practicaba la espiritualidad y que vivía a orillas de un río. Decían que sus únicas pertenecías eran unos harapos y un cántaro viejo, pero que reflejaba una inmensa paz y tenía un rostro hermoso.
El rey no pudo soportar la curiosidad y decidió visitar al enigmático personaje, acompañado de su corte y varios carruajes. Desde que lo observó el rey quedó impresionado por el esplendor y la seguridad que reflejaba una persona que vivía en tales circunstancias.
El rey de inmediato le propuso que lo acompañara para que viviera en su palacio, a lo que el mendigo le respondió que lo haría si iba montado en su carruaje. Ambos, el rey y el mendigo, marcharon hacia el palacio seguido por toda la corte del reino.
El mendigo fue ubicado en una hermosa habitación con vista al jardín y cercana a la del rey, donde recibía las mismas atenciones de los monarcas vecinos que visitaban el palacio. Se levantaba tarde en la mañana, daba un paseo por los jardines y vestía con las ropas más exquisitas de la época.
Al recibir las informaciones de sus asistentes sobre el invitado, el rey empezó a dudar sobre su verdadera espiritualidad, llegando a la conclusión que era un impostor. Al sentirse engañado el rey lo invita a retirarse de su morada.
El mendigo lo escucha y le pide que le haga un último favor, que es el de acompañarlo en su salida del reino. El rey accede a la petición y ambos emprenden el viaje de retirada. Al llegar a la frontera, el mendigo se quita las ropas y le pide al rey que lo acompañe a una vida sustentada en la espiritualidad.
El rey reacciona incómodo y le expresa que como se atreve a decirle que abandone un reino que le ha costado tanto sacrificio construirlo, para vivir en la indigencia. El mendigo entonces le responde que esa es la diferencia entre ellos, porque el puede vivir con todas las comodidades, pero también con todas las limitaciones y de todas maneras disfrutar de la existencia.
El rey queda turbado al observar a alguien que vive sin apego, que es feliz con mucho y con poco, mientras él con todo el poder y la riqueza del mundo, no se siente feliz ni con tranquilidad espiritual. El rey entonces le ruega que vuelva a su palacio y le pide perdón por sus dudas y su comportamiento inapropiado.
El personaje le responde que no puede hacerlo, ya que si volviera, en su mente, la del rey, volvería a germinar la duda, de si esto es otra farsa para llegar de nuevo al palacio y vivir con gran comodidad. Le pide al rey que vuelva, que no se preocupe por él, ya que no tiene apego y eso donde quiera le permitirá vivir tranquilo y en paz.
Este relato nos muestra como dice Epicteto, que lo importante no son las cosas en sí mismas, sino como la percibimos y la actitud que asumimos ante ellas. De eso tan simple depende nuestra felicidad, de la elección que hacemos en cada momento de la vida.
Los budistas tenían razón al decir que el apego, tanto material como espiritual, es la causa del sufrimiento. Podemos tener todo lo que sea posible, pero la clave es hacerlo sin apego, simplemente disfrutarlo hasta que sea posible y las circunstancias lo permitan.





