
Recuerdo como si fuera ayer, que cuando estábamos en la escuela primaria de nuestro querido Río San Juan, como parte del uniforme de kaki también usábamos un gorro de la misma tela, que nos lo poníamos al subir la bandera y nos lo quitábamos al entrar al aula.
Aquellos maestros de la época, cuando se iba a hablar de un personaje histórico o de Trujillo, aun estando dentro del aula, el maestro decía: “pónganse el gorro y luego quítenselo, que vamos a hablar de un patricio”.
Hoy, aquel gorro no lo tengo sobre mi cabeza, pero me voy a quitar el sombrero porque voy a hablar de un hombre bueno, honesto, desinteresado y laborioso, el querido y siempre recordado alcalde Francisco Duarte Ventura.
Francisco Duarte nació el 3 de diciembre de 1946 en el paraje La Caribe, sección de Mata Puerco, en el entonces distrito municipal de Río San Juan, perteneciente a la común de Cabrera.
Fueron sus padres Luis Duarte y Ana Ventura. Miembro de esta familia fue también el medico y filántropo ya fallecido Dr. Pedro Duarte Ventura.
De La Caribe se mudo la familia al pueblo de Río San Juan. Allí inició Francisco su educación primaria, que tuvo que abandonar antes de terminada para dedicarse a trabajar y ayudar a su familia.
Su primer empleo siendo aun muy joven fue en el área de lavado de la estación Texaco, propiedad de la familia Guzmán.
Casó con Lidia Gil procreando cinco hijos: Rosa María, Franklin Francisco, Ana Ramona, Elisa y Lisandro Manuel.

Trabajando en la bomba inició su militancia en el partido Revolucionario Dominicano –PRD-, convirtiéndose en un abanderado de esta causa política, a través de la cual aspiró y fue electo varias veces regidor y luego alcalde municipal, posición desde la cual demostró tener todas las cualidades que mencioné al comenzar a hablar de su vida.
Durante sus dos periodos como regidor, que en ese entonces eran honoríficos, y luego como alcalde desarrolló una verdadera acción social y comunitaria, construyendo con un muy bajo presupuesto obras que todavía perduran, como canalización de aguas pluviales, asfaltado, construcción de nuevas calles y muchas otras cosas más que escapan a mi memoria.
Su honestidad y laboriosidad trascendió fuera de Río San Juan, pues en una ocasión fui invitado junto a otros profesionales de Santiago para acompañar al Dr. Francisco Peña Gómez en un viaje a Cuba y al entablar conversación con Peña y él enterarse de que yo era nativo y visitaba frecuentemente a Río San Juan, me dijo: “dele un abrazo de mi parte a una de las reservas morales del partido en su zona, al compañero Francisco Duarte”.
Observemos como una persona de origen humilde y con baja escolaridad se hizo acreedor de tales reconocimientos. No compartimos aula en la escuela, pero siempre nos unió una relación de amistad y respeto mutuo.
A raíz de la muerte de Rafael Martínez, él era síndico y le solicité bautizar una calle del pueblo con el nombre de Rafael y así reunir sus hijos y nietos el día que se rotulara la calle. Le dio curso en la sala capitular y mi solicitud fue aprobada y él mismo me escribió para darme la respuesta positiva a mi petición.
Pasó el tiempo y después, otro de los alcaldes que vinieron le dio cuerpo a la ordenanza y la calle de Rafael Martínez está en el área cercana al cementerio.
Una mañana en labores de impacción pasó frente a mi casa, me saludó y me prometió que mandaría dos viajes de material para arreglar la cuesta frente a mi casa y así los vehículos subirían sin tanta dificultad. Al día siguiente llegó Francisco con el material y dos empleados para regarlo. Me dijo “Cotin, no tenemos rodillo, pero le buscamos la vuelta”.
Se terminó de regar el material y él montado en su viejo jeep descapotado duró casi una hora apisonando el caliche y el problema de la cuesta quedoó resuelto hasta que unos años después y con la ayuda del buen amigo Luis Estrella, las calles del sector fueron asfaltadas.
Falleció Francisco Duarte después de una larga enfermedad en enero de 2017, y hoy podemos decir que salió del ayuntamiento más pobre que como entró y esta aseveración se confirma porque al final de sus días y abatido por su enfermedad, sus amigos tuvieron que recurrir a un tele maratón para conseguir recursos y poder continuar sus tratamiento de diálisis.
Descansa en paz querido amigo y que tu vida como servidor público sea un faro que ilumine el pensamiento de presentes y futuras generaciones.





