El anuncio de Santiago Matías (Alofoke), de que formará un partido político para participar en las elecciones del 2028, ha puesto sobre el tapete la discusión sobre los outsider. Denominación que significa fuera del sistema y ajeno a los partidos tradicionales.
En los últimos años en América Latina, han surgido algunos outsider, que de manera sorpresiva han alcanzado la presidencia de su país. La irrupción de estas figuras en el escenario político tradicional, no ha traído buenos resultados, unos por convertirse en dictadores y otros por incompetentes.
En nuestro país el sistema de partidos es muy sólido, dominando las tres fuerzas políticas principales el escenario electoral. Por ejemplo, en las elecciones del 2024, los partidos mayoritarios sacaron el 98% de los votos.
Hasta el momento ningún outsider ha tenido una participación significativa en los procesos electorales en nuestra nación, siendo el cobrador en el 2024, el único que ha sobrepasado el 1% de la votación. Lo que refleja la fortaleza del sistema de partidos tradicional.
Alofoke ha sido un empresario exitoso en el área de los medios digitales, construyendo una plataforma, que le ha permitido influir sobre un amplio segmento de la población. Sin lugar a dudas que es el influencer con más poder económico y dominio de las redes sociales.
Ahora bien, podrá Alofoke hacer el transfer de ser un empresario de los medios digitales y un influencer de las redes, a la vida política. En verdad son dos cosas totalmente diferentes, ya que no es lo mismo hablar por radio, organizar eventos y ser líder mediático, que lidiar con 18 mil mesas electorales.
Considero como un aspecto positivo, que al sistema de partidos todavía le queda un tiempo de predominio en el país. En las mediciones que he observado recientemente, Santiago Matías, está marcando un 3%, lo que si le sumamos la simpatía que podría tener en el exterior, podríamos decir que hay más de 200 mil personas en la actualidad que tienen intención de votar por él.
Lo que tenemos alguna experiencia política, sabemos que en esas 18 mil mesas electorales se da una batalla campal y que al final es donde se deciden las elecciones. En cada mesa hay que tener un delegado, un suplente, un equipo afuera para pelear cada voto, una logística de motores y vehículos para buscar la gente que no ha ido a votar.
Esa es la cruda realidad, porque si te descuidas en una mesa te quitan el votante en segundos. La pregunta sería, está Alofoke preparado para enfrentar esa situación, tendría la estructura para garantizar la intención del voto, frente a las maquinarias electorales de los partidos tradicionales.
En realidad, esto solo se podría comprobar en el lugar de los hechos, no en eventos sociales, actividades banales, discusiones radiales o like en las redes. Pero al margen de todo, en las mediciones Santiago Matías ya está marcando.
Podría Santiago Matías en el transcurso hacia el proceso del 2028, mantener o aumentar esa intención de voto? Considero que esto dependerá de múltiples factores, pero sobre todo si logra articular un discurso que genere esperanza en un segmento del electorado, que históricamente se ha abstenido de emitir su voto.
Lo que si interpreto es que al margen del porcentaje que Alofoke pueda obtener en la primera vuelta del 2028, eso no será ninguna garantía para convertirse en una figura determinante en una segunda vuelta.
Establezco ese criterio sustentado, en que ese voto no responderá a una estructura política partidaria, sino que será un voto personal, disperso, disgregado y por la tanto no fácil de transferir.





