Los grandes pensadores del pragmatismo político, siempre han establecido, que el adversario más peligroso no está en las filas enemigas, sino en tu entorno más íntimo. Recomendando que, en estos casos, solo la paciencia puede darte una victoria a largo plazo.
En la historia hay miles de ejemplos, de cómo desde adentro han logrado vencer a personajes que en esos momentos lucían invencibles. Eso porque conocen sus debilidades, sus puntos vulnerables y reacciones emocionales.
En cambio, cuando sabes claramente cuál es el enemigo, es más fácil armar una estrategia para golpear en el lugar preciso. En esa situación actúas guiado por la razón y una estrategia fríamente elaborada.
No es lo mismo que el golpe te llegue cuando estás preparado física y emocionalmente, a que lo haga de manera sorpresiva. No es igual un golpe de frente, que uno artero e inesperado.
Normalmente, cuando eso ocurre el zarpazo es letal, ya que va dirigido con precisión quirúrgica hacia donde menos lo esperas. Y cuando se logra reaccionar, ya el "amigo", te lleva muchos pasos por delante.
De ese tipo de experiencias es que más se aprende, porque de manera ágil tienes que hacer conciencia de la realidad, para evitar que el cerebro te traicione, conduciéndote por un camino sustentado en la emotividad. No hay muchas alternativas, solo observar con quietud mental y esperar el momento oportuno.
Esa es una batalla que tendrás que manejar al margen del tiempo y las emociones, esperando que el enemigo inesperado se comience a desesperar. Ya que si eres tú que te precipitas, de seguro te infligirá una dolorosa derrota.
Es vital entender que, aunque el nuevo adversario te pueda aventajar por el elemento sorpresa, por conocer tus puntos débiles y quizás por tener vínculos que lo favorezcan. Sus objetivos siempre son a corto plazo, lo cual es su gran debilidad.
Para esas personas que atacan desde el entorno, "el fin justifica los medios", lo que los hace querer obtener sus propósitos de manera casi instantánea, cometiendo en el trayecto una cantidad muy variables de errores. Por lo que no desesperarse es la mejor estrategia, permitiendo que sean ellos mismos que se autoeliminen y fallen en sus pretensiones.
En estos cosos hay que aprender de los chinos, de dejar la solución al tiempo, pero también aprender de los estoicos, de soltar lo que no depende de uno. Aprender de Balaguer el maestro de la paciencia, que decía que hubo ocasiones en que tardó hasta 10 años para responder.
Aunque hay que prestarle atención al criterio de que hay que cuidarse más del entorno, que de los enemigos declarados. Mi humilde consejo cuando nos veamos en esas circunstancias, es el de actuar con la PACIENCIA DE JOB.
SUN TZU nos legó un gran mensaje sobre el particular: Que dice; "HAY GUERRAS QUE ES MEJOR GANARLAS SIN LIBRAR UNA BATALLA".






