El presidente Abinader ha decidido asumir un rol de árbitro y mediador para evitar que una lucha interna prematura desgaste al Gobierno antes de tiempo. El PRM enfrenta ahora el reto de mantener la cohesión mientras sus principales figuras comienzan a posicionarse con miras al 2028. Al mismo tiempo, la administración de Abinader debe demostrar capacidad de gestión, preservar la estabilidad y evitar que el ruido político opaque los avances en infraestructura, servicios y reformas institucionales. La sociedad espera resultados concretos, como que el crecimiento se sienta en el bolsillo, servicios que funcionen y un debate político responsable, que no sacrifique el futuro por la urgencia electoral.





