Mientras el expresidente Leonel Fernández respire que nadie a su alrededor aspire, aunque ese aspirante se llame Omar Fernández, su hijo, senador por el Distrito Nacional y una estrella política en ascenso, a tal punto que algunas encuestas ya lo posicionan por encima de su progenitor en las preferencias del electorado de cara a las elecciones del 2028. Eso ha provocado que ya se esté hablando del “dilema de Leonel” en mentideros y análisis periodísticos, el más reciente de los cuales, publicado la pasada semana por el hermano periódico El Día, destaca el hecho de que Fernández, de 72 años, luce decidido a presentarse por sexta ocasión a la candidatura presidencial a pesar de que su hijo Omar a apunta a ser, según encuestas, una apuesta mas segura para derrotar al oficialismo.
¿Será capaz el líder de la Fuerza del Pueblo de apartarse del camino y cederle la antorcha en aras de garantizarle la victoria a su partido, abriéndole las puertas a quien debería ser su relevo natural pero al mismo tiempo poniéndole punto final a su brillante carrera política? Es probable que si usted sale a preguntarle a la gente en la calle, en su oficina o cualquier otro lado la mayoría responda que el exmandatario no le cederá el paso al senador del Distrito Nacional para que este asuma las riendas y dé continuidad a su legado político a través de la organización que únicamente existe para servir de plataforma a sus ambiciones presidenciales. Y es que, al igual que Joaquín Balaguer, con quien a menudo lo comparan, su amor por el poder parece estar por encima de todo, incluidos los vínculos familiares. Leonel siempre podrá argumentar, como ya lo ha hecho, que Omar es joven y puede esperar mientras madura, pero ese podría ser un cálculo arriesgado que pasa por alto que algunas coyunturas político-electorales, como la que lo llevó al poder por primera vez, no vuelven a repetirse nunca jamás. Lo que el líder de la Fuerza del Pueblo, por supuesto, sabe de sobra, pero que su hijo podría aprender cuando sea ya demasiado tarde.





