Durante la llamada guerra de los 12 días librada por Israel e Irán en junio de 2025, escribí un artículo que mantiene toda su vigencia.
Hablaba de las mentiras de George W. Bush para lanzar la invasión de Irak, basada en la narrativa de las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein.
Esa propaganda se difundió como guion de cine por todo el planeta, replicado masivamente por los medios de comunicación estadounidenses y de una parte importante de los países europeos, sin que ninguno de ellos se ocupara de verificar y contrastar los hechos.
A7l lanzarse la ocupación que depuso el régimen iraquí, los propios invasores buscaron por todos los rincones del país árabe y no encontraron más que armas convencionales, es decir, tanques, cañones, fusiles, lanzacohetes, etc., y nada de “destrucción masiva”, entendido este término como elementos susceptibles de aniquilar a poblaciones enteras.
Fue una vagabundería redonda que medios de desinformación y alabarderos de los Estados Unidos repitieron sin cesar, pese a que la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) aseguraba de manera precisa y rotunda que no existían dichas armas.
Más de dos décadas después, y justo menos de un año, los mismos actores y los mismos mentirosos montan la misma narrativa y la misma propaganda, esta vez para la segunda embestida contra Irán.
La información que han analizado los expertos concluye en que Irán no ha podido enriquecer uranio hasta los niveles que permiten desarrollar un arma nuclear susceptible de causar devastación, y que, a lo sumo, ha logrado el punto en que solo lo puede emplear en cuestiones civiles.
Esto puede explicar la efectividad del bombardeo de la noche del viernes 13 de junio que mató a varios de ellos junto con oficiales de alto rango de las Fuerzas Armadas persas.
Es con base a la repetición del guion de 2003 que Israel abrió una guerra con el país persa que se sabe ha sido comenzada, pero que nadie conoce sus resultados al final.
Por consiguiente, es hora de que los líderes sensatos hagan mayores esfuerzos para influir en ambos países para que se ponga fin al enfrentamiento.
Cuando hablamos de líderes sensatos damos una vuelta a la redonda y caemos en el mismo punto de partida sin ver a nadie que califique como tal.






