"La mejor manera de vivir con honor en este mundo es ser lo que aparentamos".
SÓCRATES.
La leyenda de la espada de Damocles, fue narrada por Timeo Touromenio, que trata sobre Dionisio, un tirano que gobernó en Siracusa (Sicilia), en el siglo 1V a.c. Un rey que se caracterizó por su gran poder, gozando de todos los privilegios y rodeado de lujos, comodidades y mujeres.
En la corte de Dionisio había un cortesano de nombre Damocles, en extremo ambicioso y con una gran envidia hacia la vida que llevaba el rey. Su tema con todos los demás siempre giraba sobre la augusta y privilegiada vida que ostentaba el tirano.
Dionisio al enterarse de los continuos comentarios del cortesano, lo mandó a buscar y le hizo una propuesta que consistían en que por un día ambos cambiaran de roles. De esa manera Damocles podría disfrutar lo que tanto anhelaba, los lujos, privilegios y hasta de las mujeres del rey.
Damocles sin pensarlo dos veces aceptó de inmediato la propuesta. Y cuanta la leyenda que mientras disfrutaba de un banquete con Dionisio y toda la corte a su servicio, pudo observar al final de la cena, una espada que marcaba directamente a su cabeza, sostenida por un pelo de crin de caballo.
Ante esta situación Damocles según la leyenda entró en pánico y con gran nerviosismo le pidió a Dionisio que por favor le permitiera retirarse del lugar, ya que esa vida de poder y lujos le había dejado de interesar. Expresó Damocles, que prefería seguir siendo un simple cortesano, y no vivir por 24 horas en un estado de incertidumbre y amenaza permanente de muerte.
ENSEÑANZA:
Esta metáfora encierra un gran mensaje dirigido a los envidiosos, que se pasan la vida criticando a las espaldas de quienes han tenido mejores oportunidades en su existencia. Aunque en el fondo lo que desean es ocupar el lugar de quienes critican, sin estar consciente del precio que cada quien paga por obtener y mantener lo que ha logrado.
Quien asume el sentimiento de la envidia como su visión de vida, jamás alcanza la paz por el dolor que le produce el éxito ajeno, sin tener la más mínima idea del esfuerzo, dedicación y trabajo que le puede costar a alguien obtener lo que él tanto envidia y anhela.
Lo más saludable para llevar una vida sana mental y espiritualmente, es que cada quien viva su propia vida, disfrutando lo que tiene, sin desear lo que es propio de los demás. De lo contrario la ansiedad y la incertidumbre siempre serán sus acompañantes, como bien nos ilustra el relato sobre la espada de Damocles.