No hay metrópolis que alivie el verano mejor que la nuestra, pues nos ofrece generosas sombras en calles, callejones, avenidas y parques. Sombras que nos regalan paz y frescura y nos dan ganas de caminar sin tiempo cuando se nos daña el carro (como fue ayer mi caso). Sombras que nos ofrecen los más bellos flamboyanes florecidos y que nos regalan almendras, mangos, naranjas, limones y hasta aguacates, sin negarnos el patriótico derecho al maroteo…Y, definitivamente, la belleza de nuestras sombras urbanas hace que uno se sienta más orgulloso de ser dominicano (¡Mira, carajo, qué vaina!), sin importar todas las agravantes del caso.





