En los meses de vacaciones que pasaba en Río San Juan al terminar en Puerto Plata el año escolar, me la pasaba haciendo cosas propia de la edad, como pescar, baños en la laguna, visita a los tíos en Mata Puerco y el clásico juego de bolas y salsa en los patios del pueblo. Además de estas cosas, también ayudaba y acompañaba a papá cuando salía al campo a ver sus enfermos.
Una noche me dijo papá: “prepárate que mañana vaya a Bobita donde Fonso Vásquez a buscar una fanega de arroz que me dejaron con él , como parte del pago por un tratamiento a un paciente con paludismo”.
Este arroz tenía dos destinos posible: se llevaba a la factoría de Panchito Pappaterra, quien lo procesaba al 2×1, es decir, tu llevabas 1 fanega que eran 20 cajones y te entregaban pilado la mitad.
Cuando era poca cantidad y para evadir este sistema injusto, ese arroz quedaba en casa y entre Tato mi hermano y yo, a veces ayudado por algún amigo, pilábamos (majábamos), la cantidad a consumir cada día.
Ese día salí de Río San Juan después de desayuno y llegué a Bobita a eso del mediodía. Caquín la esposa de Fonso Vásquez, que era muy cariñosa y afectiva conmigo, comenzó a cocinar, comimos como a las 3:00 de la tarde y de inmediato me prepararon la carga y salí para el pueblo.
Comenzó a oscurecer cuando estaba vadeando el río en el llamado “Paso del aguacate”, hoy llamado El Tablón o la Represa. En ese entonces a pesar de estar hecho el camino carretero que hizo la Joint Pipe, preferíamos caminar por el camino viejo, siguiendo el trayecto del río , hasta salir a la playa abajo al lado de la casa de Negro Matías.
Al pasar por La Ginita y llegar a una pequeña cuesta que estaba frente a la tenería de Mino Alonzo. -Mino Alonzo, en los inicios de los años 50 instaló una tenería, dirigida por un técnico de nombre German, donde se curtían pieles que se vendían a buen precio a los zapateros y fabrica de zapatos de Santiago-.
Al llegar frente a la tenería, asustado por la oscuridad, miré hacia arriba y allí sobre una rama se movía con la briza algo con una camisa blanca que yo imaginé era un hombre ahorcado.
Aceleré el paso y al llegar a casa le dije a papá: “hay que informar a la guardia, que en La Ginita hay un hombre ahorcado”. Papá, con un sentido práctico me dijo: “si damos parte ahora, nos van a hacer ir hasta allá a mostrarle el lugar y nos vamos a trasnochar, total si es verdad, ya el hombre está muerto y no remediamos nada. Báñate, cena y acuéstate y no comente eso con nadie. Que sea otro que haga mañana la denuncia”.
Al día siguiente teníamos viaje a ver unos enfermos en Bachateo, colonia agrícola hecha en terrenos de Ángel Rojas, que al ser tierra muy fértil, tenia una muy buena producción de frutos.
Para ir a Bachateo debíamos tomar el mismo camino que anduve la noche anterior y es cuando papá, que era un incrédulo total de cuentos y leyenda, me dijo: ¿dónde fue que viste el hombre ahorcado? y al señalarle la mata, de uno de las ramas colgaba una penca de palma, con la barriga de color blanco hacia afuera y meciéndose con la briza. Me dijo, “ese fue el hombre que viste ahorcado”. Seguimos nuestro camino y al poco rato me dijo, “si no habíamos venidos hoy por aquí y vemos esto, hubiera nacido la leyenda de que aquí sale un muerto".





