• Inicio
  • Nacionales
  • Política
  • Locales
  • Diaspora
  • Entretenimiento
    • Cultura
  • Deportes
  • Turismo
    • Hoteles
  • Opinion
  • Sociales
Costa Verde DR
  • Friday 4 de September de 2026
  • Inicio
  • Sobre Costa Verde DR
  • Para Anunciarse

Costa Verde DRCosta Verde DR

  • Inicio
  • Nacionales
  • Política
  • Locales
  • Diaspora
  • Entretenimiento
    • Cultura
  • Deportes
  • Turismo
    • Hoteles
  • Opinion
  • Sociales
Lo último
  • LIBEVE dedica Juego de Estrellas 2026 a Joel Peralta; también se hará un homenaje póstumo inmemoriam Víctor “Quique” Sosa
  • Explota Guido: "Es irrespeto planteo escoger candidato presidencial por consenso en el PRM; se debe conseguir el voto de la gente"
  • Ah conquista que salió cara! Edwin Encarnación tendrá que entregar a Karen Yapoort más de RD$ 500 millones tras divorcio
  • Nuevo director regional PN fortalece vínculos con prensa Ma. Trinidad Sánchez: 'Vamos a trabajar d la mano con ustedes'
  • Comité de Lucha contra los Apagones y autoridades se reunen en Nagua con Ejecutivos de Edenorte

Escucha en vivo a

“Ese toto ya no es suyo”

“Ese toto ya no es suyo”

3 febrero 2026 Servicios - Costa Verde DR Opiniones

Por VICTOR MANUEL GRIMALDI CESPEDES

Mi abuelo no era hombre de discursos largos. No citaba libros ni necesitaba levantar la voz.

Le bastaba una frase corta, lanzada con aparente descuido, como quien deja caer una moneda sobre la mesa para que suene y todos entiendan que el asunto está cerrado.

Una de esas frases —quizás la más contundente— era: “Ese toto ya no es suyo”.

La decía sin rabia, sin burla y sin morbo.

La decía como quien enciende una luz en un cuarto oscuro para evitar que alguien se golpee contra la pared.

Era un consejo, no una sentencia. Un aviso temprano para ahorrarle al otro la humillación tardía.

En el Caribe, donde el lenguaje es exuberante y la metáfora camina descalza, esa frase no necesitaba traducción.

Todos sabían de qué hablaba, pero también sabían que no hablaba solo de cuerpos.

Hablaba de algo más profundo: del momento exacto en que uno deja de tener derecho sobre lo que insiste en creer que todavía le pertenece.

Mi abuelo había vivido lo suficiente para entender que la mayor parte de los conflictos humanos no nacen de la ambición, ni siquiera del odio, sino de la incapacidad de aceptar la pérdida.

La gente no se equivoca cuando desea; se equivoca cuando se aferra. Se equivoca cuando no entiende que hay un instante preciso —silencioso, casi invisible— en el que algo deja de ser suyo, aunque el corazón se niegue a firmar el acta de entrega.

Por eso esa frase funcionaba como un bisturí. Cortaba de raíz la ilusión peligrosa de que el pasado puede reclamarse con derechos de propiedad.

Servía para el amor que se fue, para el negocio que ya cambió de manos, para el poder que alguien cree conservar después de haberlo perdido, para la autoridad que sigue hablándole al mundo como si nadie hubiera notado que ya no manda.

He visto hombres arruinarse por no escuchar ese consejo. No porque fueran pobres, sino porque se comportaron como ricos de un capital que ya no existía.

He visto políticos dar órdenes que nadie obedecía, exjefes exigir respeto que ya no inspiraban, amantes tardíos reclamar fidelidades que el tiempo había disuelto.

Todos compartían el mismo error: confundir el recuerdo con la posesión.

Mi abuelo, que nunca estudió psicología ni filosofía, entendía algo que muchos intelectuales descubren tarde: el respeto por los límites no es una renuncia, es una forma de dignidad.

Saber cuándo retirarse es una inteligencia silenciosa. No insistir donde ya no se es bienvenido es una elegancia moral.

En su frase había, además, una ética completa. No se trataba de cinismo ni de resignación. Era una invitación a aceptar la realidad sin autoengaños.

A no mendigar lo que ya no se ofrece. A no reclamar lo que ya fue entregado a otro destino. A no vivir de títulos vencidos ni de nostalgias con pretensión jurídica.

Con los años entendí que esa frase también tenía una dimensión política. Los pueblos, como las personas, sufren cuando no aceptan que ciertas etapas se cerraron.

Las naciones que no entienden cuándo un poder terminó, cuándo una hegemonía se agotó o cuándo una fórmula dejó de funcionar, suelen pagar ese error con crisis prolongadas.

El pasado mal digerido se convierte en una enfermedad crónica.

Mi abuelo no hablaba de geopolítica, pero la intuía. Sabía que el orden —en la casa, en el barrio, en el país— depende de reconocer a tiempo quién manda, quién decide y quién ya no.

El caos comienza cuando alguien insiste en ocupar un lugar que ya no le corresponde. Y, sin embargo, la frase no tenía crueldad. No se decía para humillar, sino para salvar. Era una advertencia a tiempo. Un gesto de compasión disfrazado de picardía.

Porque en el Caribe, como en las novelas de García Márquez, la sabiduría suele venir envuelta en risa, en doble sentido, en palabras que parecen ligeras pero cargan siglos de experiencia.

Hoy, cuando veo el mundo lleno de disputas inútiles, de egos que no aceptan su ocaso, de amores convertidos en pleitos y de poderes que no saben retirarse, recuerdo a mi abuelo con una mezcla de ternura y asombro.

Él entendió, antes que muchos, que la paz comienza cuando uno reconoce que ya no es dueño de todo lo que amó.

“Ese toto ya no es suyo” no era vulgaridad: era realismo. No era burla: era pedagogía. No era resignación: era sabiduría práctica.

Y como todos los buenos consejos, no evitaba el dolor, pero evitaba algo peor: el ridículo de pelear por lo que ya no nos pertenece.

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Facebook Twitter Google+ Pinterest WhatsApp

Articulos Relacionados

Joaquín Balaguer y yo Opiniones
2 septiembre 2026

Joaquín Balaguer y yo

Las premoniciones de Hugo Chávez Opiniones
2 septiembre 2026

Las premoniciones de Hugo Chávez

El estallido parece ineludible Opiniones
31 agosto 2026

El estallido parece ineludible

Entérate NY Opiniones
31 agosto 2026

Entérate NY

Los irresponsables Opiniones
30 agosto 2026

Los irresponsables

El periódico 1J4 Opiniones
30 agosto 2026

El periódico 1J4

 

  • Inicio
  • Nacionales
  • Política
  • Locales
  • Diaspora
  • Entretenimiento
  • Deportes
  • Turismo
  • Opinion
  • Sociales
  • Back to top
© Costa Verde DR 2017. Todos los derechos reservados
por G Soluciones