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La concertación de los buenos, los malos y los feos

La concertación de los buenos, los malos y los feos

13 febrero 2026 Eduardo Jorge Prats Opiniones

Presento esta “hipótesis de conversación” (Pauwels/Bergier): la política es fruto del accionar de personalidades políticas que, inspirados en Max Weber, podríamos clasificar en tres “tipos ideales”, denominados, como los protagonistas de la película de Sergio Leone, así:

El “bueno”, político idealista; el “malo”, político maquiavélico; y el “feo”, que aplica pragmáticamente los ideales del bueno, siendo criticado en consecuencia por los seguidores tanto de los buenos como de los malos. ¡Ojo!: parafraseando a Carl Schmit, estos políticos no son necesariamente moralmente malos o buenos ni estéticamente feos o bellos.

En el caso dominicano, prototipo del líder bueno es Juan Bosch, primer presidente democrático, tras el ajusticiamiento de Trujillo, que gobernó respetando las libertades públicas, pero que no evitó el golpe de Estado por no llevarse de Rómulo Betancourt, quien le aconsejó distanciarse de los comunistas, y por tampoco aliarse con los derrotados “cívicos”, conservadores antitrujillistas que posteriormente pactarían con los trujillistas partidarios de Joaquín Balaguer, aunque sí fue lo suficientemente pragmático para atraer antes, en 1962, el voto de los trujillistas espantados ante el látigo antitrujillista de Viriato Fiallo.

Modelo de líder malo, sería Balaguer, cuyo éxito se mide por sobrevivir a Trujillo, heredar su poder y encaminar a la República Dominicana, vía su dictablanda primero (1966-1978) y en democracia después (1986-1996), por el sendero del desarrollo económico.

Paradigma de líder feo sería Peña Gómez, quien sostuvo la unidad del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) tras la salida de Bosch en 1973, aliando a los progresistas con los “viejos robles” conservadores perredeístas, convenciendo al país de que era posible desplazar electoralmente a Balaguer del poder mediante un frente popular amplio opositor, compuesto por izquierdistas, derechistas y centristas, estrategia frustrada en 1974 y exitosa en 1978, iniciando así la verdadera transición democrática dominicana.

Si, como dice Adam Michnik, “la democracia se basa en una continua articulación de intereses particulares, en una búsqueda inteligente de acuerdos entre ellos, en un mercado de pasiones, emociones, odios y esperanzas; en la eterna imperfección, en una mezcla de pecado, santidad y tejemanejes”, lógicamente democracia efectiva solo será aquella donde existe una mínima convivencia y concertación de líderes buenos, malos y feos.

En una democracia concertada, los ideales de los buenos pueden ser implementados mediante las herramientas del arsenal de los malos, sujetas al control de los feos, quienes nunca permitirían ni que los fines justifiquen los medios, como se atreverían los malos e, incluso, algunos buenos fanatizados revolucionarios -ambos por cierto inclinados a fomentar radicalismos y odios-; ni que permanezcan inaplicados en el etéreo cielo de los ideales bondadosos; ni que la acción política responda a objetivos inmorales propios de los malos.

Por eso, el político feo, consciente de lo grisácea que es la política, mezcla la ética de la responsabilidad y la de la convicción de Weber, asumiendo entonces una “de la responsabilidad convencida o de la convicción responsable” (Adela Cortina). Aunque no debe ser un inmoral, lo que el político debe buscar no es “la salud de la propia alma” ni “la salvación de la de los demás” (Weber). Lo que hay que saber, en política, es que al estar “como ovejas en medio de lobos”, debemos ser “astutos como serpientes” (Mateo 10:1), pero “sin engaño como la paloma” (Kant).  

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