La noche del lunes, los Rays, creían que alnregresar a casa y con el dominicano Freddy Peralta en el box podían frenar a los Cerveceros y mantenían la esperanza de que una sola victoria bastaría para cambiar la narrativa de este Clásico de Otoño
Sin embargo, todo empezó con un susurro que se convirtió en un siseo, y luego en un rugido. Cuanto más fuerte se hacía, más deseaba el siguiente bateador de los Milwaukee Brewers unirse al coro.
Lo que ocurrió en la parte alta de la quinta entrada en el Tropicana Field, fue una ofensiva tan arrolladora que obligó a los Tampa Bay Rays —y a sus aficionados— a taparse los oídos. Fue una sucesión de batazos que no solo allanó el camino para la victoria de Milwaukee por 10-1 en el tercer juego —un resultado que marcó un récord—, sino que, muy probablemente, asestó también el golpe definitivo en la Serie Mundial.
Fue todo un espectáculo, tanto a la vista como al oído, sin importar si uno participaba en la acción o la observaba desde el bullpen. La brillante actuación del abridor de Milwaukee, Robert Gasser, quien permitió apenas un hit en seis entradas en blanco, fue la muestra más clara hasta ahora de cómo este equipo ha desmoralizado a sus rivales y convertido la postemporada en su propio terreno de juego, mientras avanza hacia lo que parece cada vez más probable: el primer título en la historia de la franquicia.
Todos los titulares de los Cerveceros se embasaron, ocho de los nueve remolcaron al menos una carrera y el venezolano Jackson Chourio ya acumulaba cuatro hits, a uno de igualar el récord de Serie Mundial para un solo juego, al concluir el quinto capítulo. “Estaba preparado y quería ganar hoy”, dijo Chourio. “Sabía que ganar este juego era muy importante y que iba a significar mucho para nosotros”.
En total, hubo ocho imparables durante la quinta entrada de Milwaukee, pero nada de eso habría sido posible sin el jugador que negoció una base por bolas y, más tarde, mantuvo viva la entrada gracias a su velocidad en las bases.






