• Inicio
  • Nacionales
  • Política
  • Locales
  • Diaspora
  • Entretenimiento
    • Cultura
  • Deportes
  • Turismo
    • Hoteles
  • Opinion
  • Sociales
Costa Verde DR
  • Tuesday 25 de August de 2026
  • Inicio
  • Sobre Costa Verde DR
  • Para Anunciarse

Costa Verde DRCosta Verde DR

  • Inicio
  • Nacionales
  • Política
  • Locales
  • Diaspora
  • Entretenimiento
    • Cultura
  • Deportes
  • Turismo
    • Hoteles
  • Opinion
  • Sociales
Lo último
  • Creo que estoy viejo
  • Liga Béisbol de Verano anuncia Juego de Estrellas 2026 será el 5 de septiembre en el estadio “Tito Pereyra” del  Centro Olímpico
  • Identifican ocupantes de catamarán que zozobró en Las Calderas de Baní con saldo de una joven de 25 años fallecida
  • Baja asistencia durante acto de Gonzalo Castillo en Nueva York
  • Hieren a tiros a tres hombres en vecindario del Bronx donde residen familias dominicanas

Escucha en vivo a

Maestros

Maestros

26 mayo 2023 Eduardo Jorge Prats Opiniones

Todos conocemos la carta que Albert Camus, tras ganar el Nobel de Literatura, envió a su maestro de primaria, el “señor Germain”, para agradecerle esa “mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo” toda “su enseñanza y ejemplo”, asegurándole “que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido”.

Menos conocida es la respuesta del maestro a Camus donde afirmaba: “Creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser”. Si analizamos esta respuesta, veremos que señala que muchas veces el niño “contiene en germen al hombre que llegará a ser”.

Es lo mismo que advierte Pedro Henríquez Ureña a su antiguo alumno Ernesto Sábato quien, apenado por ver a un intelectual de la talla del insigne humanista dominicano consumido en la rutina de un profesor de secundaria, a donde le había sumido la mediocridad de la burocracia educativa argentina, le pregunta por qué perdía su tiempo en labores inferiores como la de corregir trabajos de estudiantes. “Me miró -recuerda Sábato- con suave sonrisa, y su reconvención llegó con pausada y levísima ironía: ‘Porque en ellos puede haber un futuro escritor’”.

Casi nunca el maestro sabe dónde su semilla germinará. Como afirma la parábola del sembrador, muchas veces la semilla cae en lugares donde pueda crecer adecuadamente, pero otras muchas veces cae en buena tierra y da frutos. En principio, el maestro no sabe cuáles serán -si es que habrá- los frutos de su magisterio y tiene que hacer su tarea: enseñar y esperar que en sus alumnos germinen sus enseñanzas.

No por azar Juan Bosch, a la hora de estudiar a Eugenio María de Hostos, titula su ensayo “Hostos el sembrador”. Porque el sino del puertorriqueño, gran caribeño e hispanoamericano, es, a pesar de los implacables huracanes, “sembrar sin descanso”. Y afirma Bosch: “Pasará toda su vida en eso: prédica, lucha, indignación…”.

No es tan común ni tan fácil que los maestros escojan a sus discípulos como Jesús eligió a los apóstoles. En la película Whiplash, el director de orquesta Terence Fletcher le recuerda a su alumno Andrew Neiman, quien quiere ser el mejor baterista del mundo, que tuvo un antiguo discípulo que llegó a ser primer trompeta en el Lincoln Center de Nueva York, porque “los (otros) maestros no veían en él lo que yo veía”. Fletcher se dio cuenta de su talento y lo presionó con sus métodos crueles e inhumanos hasta llegar a ser uno de los mejores.

Pero la mayoría de las veces son los discípulos quienes escogen a sus maestros. En verdad, solo el testimonio del discípulo revela al maestro. No hay, pues, maestros sin discípulos, pues solo estos señalan quien es su maestro.

Como afirma Stefan Zweig en La confusión de sentimientos, al maestro nadie lo recuerda, solo su discípulo. Y es que, ya lo decía Jorge Luis Borges, así como “cada escritor crea a sus precursores”, el discípulo crea y escoge a sus maestros. O, para decirlo parafraseando a Harold Bloom, el discípulo, aun sufriendo la “angustia de la influencia”, determina la “ley particular” del maestro.

Facebook Twitter Google+ Pinterest WhatsApp

Articulos Relacionados

Creo que estoy viejo Opiniones
25 agosto 2026

Creo que estoy viejo

Podemos entender a Trump Opiniones
24 agosto 2026

Podemos entender a Trump

Entérate NY Opiniones
24 agosto 2026

Entérate NY

Memoria farmacéutica Opiniones
24 agosto 2026

Memoria farmacéutica

Las consecuencias de ese silencio Opiniones
24 agosto 2026

Las consecuencias de ese silencio

Están cosechando lo plantado Opiniones
21 agosto 2026

Están cosechando lo plantado

 

  • Inicio
  • Nacionales
  • Política
  • Locales
  • Diaspora
  • Entretenimiento
  • Deportes
  • Turismo
  • Opinion
  • Sociales
  • Back to top
© Costa Verde DR 2017. Todos los derechos reservados
por G Soluciones