La campaña reeleccionista del congresista Adriano Espaillat fracasó por varias razones, entre ellas, la falta de logros que mostrar y, sobre todo, estuvo basada en puras mentiras. Espaillat hizo que sus seguidores repitieran la infamia de que Darializa Ávila Chevalier era “haitiana” para luego desatar el anti-haitianismo contra ella, fue una calumnia vulgar, descarada.
La campaña de Espaillat aseguró que si él perdía las elecciones, los dominicanos perderían el único representante en el Congreso de los Estados Unidos, fue absolutamente falso. Espaillat perdió las elecciones y ahora vamos camino a tener no uno, sino tres congresistas de origen dominicano.
Además de Ávila Chevalier, que derrotó a Espaillat, tenemos a Analilia Mejía por el Distrito 11 de New Jersey y a Manny Rutinel por el Distrito ocho de Colorado. Por fin nos liberamos, se derrumbó el castillo de naipes que Espaillat construyó con puras mentiras.
Cuando el conteo reveló su derrota, Espaillat reconoció el triunfo de Ávila Chevalier, y anunció que se retiraba de la política.
Quien en la campaña por la alcaldía neoyorquina cambió de candidato cuatro veces, volvió a cambiar. Después de anunciar su retiro, Espaillat anunció: “no me retiro, seguiré trabajando por la mejoría de la gente".
Quienes llevamos 30 años observándolo, conociéndolo, sabemos exactamente que significa su última promesa vacía. Si no hizo nada cuando tenía el poder, ahora hará menos, pero anunció un movimiento “desde abajo hacia arriba” para transformar las cosas.
Tiene sentido, “desde abajo” él subió, se mantuvo por tres décadas, nada hizo por quienes lo eligieron. Apuesta a la inmortalidad del engaño, confía en que la misma gente que engañó votará por él nuevamente.
Ahora tiene algunas cosas en su contra, a sus 71 años, con una salud algo deteriorada, será difícil.
Espaillat me recuerda la reflexión final de Don José, en la Carmen de Bizet, esperando su ejecución por haberla asesinado, se dijo. “Mentía, siempre mentía, ignoro si alguna vez dijo una sola palabra que fuera verdad, yo sabía que mentía, pero le creía. Era más fuerte que yo”.





