Durante años, en República Dominicana las encuestas han sido utilizadas como armas políticas, como propaganda, como percepción y hasta como mecanismos para manipular emociones. Mucha gente dice: “las encuestas no sirven”, “eso se compra”, “eso no decide elecciones”. Sin embargo, cuando analizamos fríamente los últimos procesos electorales del país, descubrimos algo extremadamente interesante: la firma Gallup ha logrado detectar con bastante precisión el clima político real de la nación mucho antes de que lleguen las elecciones.
Y ahí es donde comienza esta historia.
En el año 2018, faltando dos años para las elecciones presidenciales del 2020, el escenario político dominicano parecía totalmente dominado por el PLD. Danilo Medina todavía mantenía poder, estructura y control político. Mucha gente pensaba que el oficialismo seguiría gobernando fácilmente. Pero mientras gran parte del país observaba solamente el presente, Gallup comenzó a detectar algo silencioso pero poderoso: el crecimiento sostenido de Luis Abinader.
Todavía no era presidente.
Todavía no tenía el Estado.
Todavía no tenía el poder.
Pero ya existía un sentimiento de cambio creciendo dentro de la población.
Muchos no lo entendieron en ese momento. Otros simplemente se burlaron. Pero dos años después ocurrió exactamente lo que las tendencias venían anunciando: Luis Abinader ganó las elecciones del 2020 en primera vuelta y terminó rompiendo uno de los ciclos políticos más poderosos de la historia moderna dominicana.
Entonces llegó el 2022.
Ya Luis Abinader era presidente y el país comenzaba a vivir una etapa difícil a nivel mundial: pandemia, inflación, crisis económica internacional, guerra, aumento de precios y presión social. Mucha gente entendía que el gobierno estaba desgastado y que posiblemente el PRM perdería fuerza rápidamente.
Sin embargo, nuevamente Gallup detectó otra realidad política.
Las encuestas mostraban que, a pesar de las dificultades económicas, Abinader mantenía altos niveles de aprobación y confianza. Mientras sectores de oposición apostaban al derrumbe del gobierno, la población seguía viendo en Luis una figura de estabilidad y control.
Otra vez aparecieron las críticas: “Eso no son votos”.
“Las encuestas mienten”.
“El pueblo está cansado”.
Pero dos años después volvió a ocurrir lo mismo.
En el 2024, Luis Abinader no solo ganó las elecciones… las ganó de manera cómoda, contundente y nuevamente en primera vuelta. Y lo más impactante fue que los números finales terminaron muy cerca de lo que las encuestas venían reflejando meses antes.
Entonces ya no hablamos de casualidad.
Hablamos de un patrón político.
2018 anunció el 2020.
2022 anunció el 2024.
Y ahora el país entra en un momento todavía más interesante: el año 2026.
Porque el 2026 representa para el 2028 exactamente lo mismo que el 2018 representó para el 2020.
Aquí es donde la política se pone seria.
Actualmente, las mediciones siguen mostrando que el PRM conserva niveles importantes de fuerza política y que Luis Abinader mantiene una aprobación considerable para un gobierno que ya lleva años en el poder. Y aunque la oposición tiene figuras importantes, la realidad es que las encuestas siguen colocando al oficialismo en posición competitiva.
¿Significa eso que el PRM tiene asegurada la victoria en 2028?
No.
Pero sí significa algo extremadamente importante: las tendencias políticas normalmente comienzan a construirse mucho antes de las elecciones.
Eso fue exactamente lo que pasó en 2018.
Eso fue exactamente lo que pasó en 2022.
Y eso es lo que muchos están observando ahora mismo en 2026.
Porque al final, las elecciones no se ganan solamente con discursos, ni con redes sociales, ni con ataques políticos. Las elecciones se ganan cuando un pueblo comienza a sentir que un proyecto representa estabilidad, continuidad o esperanza.
Y hasta ahora, guste o no guste, Gallup ha demostrado que muchas veces logra detectar ese sentimiento antes que casi todo el mundo.
Por eso el 2026 podría convertirse en el verdadero termómetro del 2028.
Porque la historia reciente de República Dominicana está dejando una señal bastante clara:
Cuando Gallup marca una tendencia fuerte dos años antes… normalmente esa tendencia llega viva a las elecciones.






